La paradoja energética mundial: la demanda crece mientras la inversión en el sector del petróleo y el gas cae
En 2026 la inversión energética mundial alcanzará unos 3,4 billones de dólares, pero la inversión en el sector petrolero caerá por debajo de los 500.000 millones. Con la demanda en máximos históricos, crece el riesgo de un déficit estructural de oferta.

Según la Agencia Internacional de la Energía, en 2026 el flujo mundial de inversión energética seguirá creciendo, pero dentro del sector de los combustibles tradicionales se observa una dinámica divergente: la inversión en gas natural y carbón aumenta, mientras que la inversión en el sector petrolero se reduce.
La AIE prevé en 2026 un volumen total de inversión energética mundial de aproximadamente 3,4 billones de dólares, un crecimiento cercano al 5%. De esa cifra, alrededor de 1,2 billones de dólares corresponden al petróleo, el gas natural y el carbón. Pero dentro del fossil fuel sector la dinámica no es uniforme: la inversión en petróleo debería caer por debajo de los 500.000 millones de dólares, la inversión en gas crecer hasta unos 330.000 millones y la inversión en carbón hasta 180.000 millones, el máximo desde 2012 (principalmente gracias a China).
No obstante, cabe señalar que si el consumo mundial de petróleo era de 93 millones de barriles diarios en 2015, en 2026 el consumo global de petróleo promediará 105,74 millones de barriles/día, y en 2027 será de 107,86 millones de barriles/día en términos interanuales, según las previsiones de la OPEP.
Según la AIE, la inversión en el sector petrolero se redujo alrededor de un 35%: de 818.000 millones de dólares en 2015 a 535.000 millones en 2025, en un contexto de crecimiento de la inversión en fuentes de energía renovables.
Además, los valores nominales de la inversión deben considerarse ajustados por la inflación. La reducción nominal ya es de alrededor del 35%, y el ajuste inflacionario muestra que el volumen real comparable de gasto de capital disminuyó aún más.
Así, se observa una tendencia: por un lado, el consumo global de petróleo se encuentra en niveles récord y sigue creciendo; por otro, la inversión en el sector petrolero permanece muy por debajo del nivel de mediados de la década de 2010.
Al mismo tiempo, la AIE llama la atención sobre el problema de las tasas de declinación: casi el 90% de la inversión upstream anual en el sector del petróleo y el gas desde 2019 se ha destinado a compensar la caída de la producción en los yacimientos existentes, y no a satisfacer el crecimiento de la demanda.
De ahí surge una contradicción estructural: la demanda mundial de petróleo y gas se mantiene en un nivel elevado y sigue creciendo, mientras que los yacimientos existentes se agotan de forma natural. Una parte importante del flujo de inversión se destina a compensar las tasas de declinación, es decir, a mantener el nivel de producción ya existente. Como resultado, quedan menos recursos de inversión para ampliar la oferta futura, lo que configura un posible riesgo estructural para el mercado energético mundial.
Si la tendencia a una expansión insuficiente de la inversión upstream se mantiene con un mayor crecimiento de la demanda mundial, esto puede aumentar la probabilidad de un déficit estructural de oferta y reforzar la presión sobre los precios en el mercado mundial del petróleo y el gas. Las consecuencias de ese escenario pueden ir mucho más allá del sector energético y golpear de forma muy grave la economía mundial, ya que el petróleo, el gas natural y el carbón siguen aportando cerca del 80% del balance energético mundial.
Además, la importancia del petróleo, el gas y el carbón para la economía mundial no se limita a la producción de energía. También son la materia prima más importante para la petroquímica, la producción de polímeros, fibras sintéticas, caucho, lubricantes, betún, disolventes, fertilizantes y muchos otros productos industriales.
Por eso la reducción de la inversión en el sector energético tradicional importa no solo para el futuro del mercado de combustibles, sino también para todo el sistema industrial de la economía mundial.














