«No hay que creerlo todo, pero tampoco rechazarlo todo: examinarlo todo es deber del sabio; este no se deslumbra por el brillo, sino que busca la verdad.
…Cuanto más depende el hombre de los sentidos groseros, tanto más lejos está su espíritu de los misterios de la Naturaleza.
Cuanto más crece el hombre en su fuerza espiritual, tanto más disminuye en la sensual. La Naturaleza solo habla con quien tiene los sentidos más finos; solo a él le es audible su voz. Los seres superiores hablan con claridad únicamente a quien tiene el alma serena, a quien no se le ensordece el órgano por la tormenta de las pasiones…
Los antiguos afirmaban que los dioses hablan con los hombres solo en sueños. ¿Puede un músico tocar cuerdas flojas? Pero ¡qué hermosamente tocaría si estuvieran afinadas con armonía!
La verdad, la pureza y el amor son los tonos del mundo espiritual; no resuenan en el instrumento de nuestra alma si las cuerdas no están afinadas.»
(Karl von Eckartshausen (1752-1803), místico, escritor, filósofo y jurista alemán).














