«Bajo la hegemonía en la economía mundial se entiende la capacidad de un Estado de imponer una serie de reglas a todos los demás Estados, como resultado de lo cual en el sistema mundial se mantiene un orden relativo. Schumpeter insistía en sus teorías en la importancia del orden «relativo».
Los desórdenes —guerras externas e internas (civiles), extorsión mafiosa, corrupción generalizada entre funcionarios e instituciones, delincuencia menor rampante— son rentables para pequeños sectores de la población mundial. Pero obstaculizan la aspiración global a maximizar la acumulación de capital. En efecto, conllevan la destrucción de gran parte de la infraestructura necesaria para mantener y expandir la acumulación capitalista. De ahí se sigue que la imposición de un orden relativo por parte de una potencia hegemónica favorece el funcionamiento «normal» del sistema capitalista en su conjunto.
Aún más favorable resulta para la propia potencia hegemónica: su Estado, sus empresarios y sus ciudadanos comunes. Hay motivos para dudar de que los beneficios para el sistema en su conjunto (y para la potencia hegemónica) también conlleven beneficios para los demás Estados y sus empresarios y ciudadanos. **En esto consiste el conflicto, así como la explicación de por qué alcanzar y conservar tal hegemonía es tan difícil y por qué ocurre tan raramente».
(Immanuel Wallerstein, del libro «¿Tiene futuro el capitalismo?»).














